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Almonaster la Real

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Ubicación

Situada al Noroeste de la provincia de Huelva, en las estribaciones de la Sierra de Aracena. Limita al Norte con Cortegana y Jabugo; al Este, con Sta. Ana la Real, Alájar y Aracena; al Oeste, con Cortegana, Aroche y el Cerro del Andévalo; al Sur, con El Campillo, Zalamea, El Cerro y Cortegana.

Reseña Histórica Breve

A la Edad del Bronce (3.000 a.C.) se remontan los primeros vestigios de poblamiento en esta zona de la Sierra.
Pero los más abundantes corresponden a la época romana. Al decir del Profesor Luzón, los cimientos de la propia Villa de Almonaster se levantarían sobre un yacimiento romano. En la cerca del viejo Castillo pueden apreciarse numerosos sillares romanos, aunque todo ha quedad muy oculto bajo las obras medievales, y son romanos algunos de los restos arquitectónicos (columnas, capiteles y sillares), reutilizados en la construcción de la Mezquita. De la misma época es el notable yacimiento -aún por excavar- de Santa Eulalia, en el que destacan los muros que sirven de base al ábside de la Ermita. Se trata de los restos de un sepulcro turriforme del S. I, similar a la torre de los Escipiones de Tarragona.
La población mantuvo su vigencia en la época visigoda, periodo en el que se edificó un monasterio en el solar de la Fortaleza. Los restos religiosos de esta etapa son muy interesantes, destacando el dintel de entrada , parte del iconostasis de la Iglesia, restos de un ara y un cimacio , todos ellos datables entre los S. V y VII. Según Alfonso Jiménez, restaurador y estudioso de la Mezquita, el actual nombre de la población procedería del topónimo árabe Al–munastyr , trascripción casi literal de su anterior nombre latino monasterium.

El primer testimonio escrito de la existencia de Almonaster, corresponde al geógrafo musulmán Abu Ubaid al Bakri, en el 822 de nuestra era : “… el iqlin de al – Munastyr y los demás de la Kora de Isbilya recaudaron más de 35.000 dinares de la gibaya…” .
Al llegar los musulmanes a España se cree que fue ocupada por Abd al Aziz, como toda la provincia de Huelva, cuando desde Sevilla realiza una campaña hacia tierras del Algarve, capitulando sin lucha la población y pasando a depender de los Walíes de Córdoba. En esta zona se asentaron beréberes, mientras que las zonas llanas fueron ocupadas por muladíes y mozárabes hispanos. En época del emirato de Córdoba, era Al-Munastyr una población importante de la comarca. Buena prueba de ello es la existencia de su cerca murada y, en su interior, la mezquita de la medina islámica, levantada sobre el antiguo edificio cristiano. Tras la descomposición del Califato, la Sierra de Huelva quedó bajo el domino del Reino de Taifas de Badajoz

La invasión almorávide en su intento de unificar los reinos divididos, encontró fuerte resistencia en la Sierra onubense que se mantendrá independiente hasta que, en 1.111, cae en manos africanas. A mediados del XIII, toda la Sierra, está ya bajo dominio cristiano. Hacia 1.230, la Orden militar del Hospital incorpora Almonaster y otros pueblos de la comarca a la corona portuguesa, produciéndose durante el reinado de Alfonso III una importante repoblación que dejará huella en la gente del lugar.
Al problema fronterizo surgido entre Portugal y Castilla por las “tierras del Algarbe” se pone fin con la intervención del Papa, decidiéndose en 1. 253, que estos territorios pasen a Castilla con la condición de que sean entregados en dote a la Infanta Beatriz, prometida en casamiento a Alfonso III, a excepción de los situados en la margen izquierda del río Guadiana, como línea fronteriza entre los dominios castellanos y los portugueses . Almonaster fue incluido en el alfoz o "tierra" de Sevilla.
El 16 de diciembre de 1.279, en privilegio dado por Alfonso X El Sabio y confirmado posteriormente por su hijo Sancho IV El Bravo , el concejo de Sevilla cedió los lugares de Almonaster la Real y Zalamea al Obispo Don Remondo y al Cabildo hispalense a cambio de Puebla de Cazalla. Poco después, el 24 de mayo de 1.285, las dos ciudades quedaron como posesión exclusiva del Arzobispo. Aparece, por tanto, constituido un señorío episcopal en el territorio de realengo de la Sierra de Huelva, situación que se prolongará hasta 1.574.

En este año, el Rey Felipe II, mediante Bula extendida por el Papa Gregorio XIII, separa a Almonaster de la Sede sevillana, ratificación que es otorgada por Real Cédula de 1.579. En 1.580, Felipe II dio una provisión para que el licenciado Álvaro de Santander se posesionara de la Villa y su Castillo, produciéndose la incorporación a la jurisdicción real. Poco tiempo después era vendida al príncipe de Salerno, Nicolao Grimaldo, quien a su vez pretendió vender la jurisdicción al marqués de La Algaba. No obstante los vecinos, mediante el servicio pecuniario conveniente, interpusieron recurso pidiendo a la Corona quedase realenga la Villa. Por Real Cédula de 10 de mayo de 1.580 es aceptada la petición vecinal, estipulándose el servicio y forma de pago, autorizándose al Concejo de la Villa para la recaudación por derrama y para empeñar bienes de propios en préstamos con los que atender a los pagos con la Real Hacienda . Al quedar realenga, la Villa tomó el sobrenombre de la Real, denominándose desde entonces Almonaster la Real.

En el XVIII pierde de nuevo el carácter de realengo para transformarse en Villa de Señorío, perteneciendo a mediados de esta centuria a Don Gregorio del Valle Clavijo, ajeno a cualquier tipo de nobleza. A finales de este siglo, recupera de nuevo su condición realenga.
Por Decreto de 27 de enero de 1822 se crea el marco administrativo de las Provincias, quedando Almonaster la Real integrada en la de Huelva.
Durante el S. XIX, la localidad gozará de un periodo de expansión económica y social propiciado por la puesta en valor y explotación de sus importantes recursos mineros. La actividad minera decayó sensiblemente a lo largo de la segunda mitad del S. XX. En la actualidad, sólo el yacimiento de Aguas Teñidas presenta ciertas expectativas de futuro y parece inminente su puesta en explotación.
El éxodo rural de los 60 y 70 afectó al Municipio que vivió durante esa época una crisis demográfica significativa en cuya salida final tiene mucho que ver la reciente creación del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Su aparición ha dado lugar a una vía de escape en el aspecto económico en la que se conjugan el desarrollo notable en materia de infraestructuras para el turismo rural y la proliferación de explotaciones ganaderas e industrias vinculadas al cerdo ibérico, con el mantenimiento de tradiciones ancestrales en festividades, costumbres populares o gastronomía. Igualmente, la gestión y dinamización del patrimonio histórico artístico, como reclamo turístico y cultural, están contribuyendo al despegue económico de esta zona.

Patrimonio Cultural y Artístico

Una de las principales señas de identidad de Almonaster la Real es su patrimonio etnológico, representado por su importantísimo ciclo festivo y por las expresiones folclóricas y musicales que en él tienen lugar.

LAS CRUCES DE MAYO: Se celebran, desde tiempo inmemorial, en torno al primer domingo de mayo y suponen una manifestación cultural de primer orden que se concreta en la puesta en marcha de unos ritos ancestrales que, año tras año, se repiten con gran lucidez. El pique existente entre las dos Hermandades, el Llano y la Fuente , hace que la Fiesta esté muy arraigada entre los hermanos de cada Cruz y que cada vez sea mayor el esfuerzo por engrandecerla y por mantener más viva que nunca esta histórica festividad.
LOS MOMENTOS DE LA FIESTA: Abril, mes de las flores, Domingo de Chubarba (Último domingo de Abril), Tarde de las flores (Sábado de Cruces), Noche de los pinos (noche y madrugada del sábado), El Romero (Domingo de cruces), Lunes de Cruces (Romero Infantil), La Jira (Martes de Cruces).
Las Aldeas de AGUAFRÍA y las VEREDAS celebran también esta ancestral fiesta durante los fines de semana anterior y posterior, respectivamente, a Almonaster. Ambas aldeas realizan una aportación importante y singular al folclore de estas Fiestas, manteniendo matices propios en los rituales y en los fandangos cruceros. Aguafría, además, aún coloca el “mayo” , símbolo de la antigua fiesta pagana, junto al monumento de la cruz.
La Fiestas de la Cruz de Almonaster la Real están declaradas de Interés Etnológico e incluidas en el Catálogo General de Bienes Patrimoniales de Andalucía.
EL TRAJE DE SERRANA es una de las joyas etnológicas de este pueblo. Se utiliza casi de modo exclusivo en estas fiestas y son las mujeres las auténticas protagonistas de su lucimiento. Hace unos años, se recuperó el traje típico del Mayordomo y Diputados.
ROMERÍA DE SANTA EULALIA: Es una de las manifestaciones religioso - festivas con mayor arraigo en toda la comarca serrana. De las más antiguas de España, según atestigua un documento de 1606 que se conserva en el Archivo Municipal, se celebra en Pascuas de Pentecostés, en torno al tercer sábado de mayo .
EL FANDANGO: Constituye la expresión musical por excelencia de este pueblo. Es Almonaster cun a d e seis estilos de este palo flamenco; estilos que se han guardado, como oro en paño, en las arcas del saber popular y que se manifiestan esplendorosamente en las dos fiestas antes reseñadas: el fandango de la Cruz, el de la Noche de los Pinos, el fandango repicao de las Veredas, el de Santa Eulalia (en sus dos modalidades: corto y largo) y el fandango aldeano, nacido en las aldeas de Calabazares y la Escalada. Estos dos últimos, bailables.

Recursos Económicos y Sociales

La economía de los vecinos de Almonaster la Real ha estado marcada tradicionalmente por el medio físico. El aprovechamiento del terreno en materia forestal (extracciones de corcho y madera de pino y eucalipto), agrícola y ganadero (cerdo ibérico, ganado caprino, lanar, vacuno e incluso de lidia), han sido la base esencial de la economía de la localidad, que se ha visto apoyada en determinadas épocas, desde la antigua Roma hasta fechas cercanas, por la explotación de numerosos yacimientos mineros. En la actualidad, el aprovechamiento forestal, junto con el de la dehesa para la cría de cerdos ibéricos, son dos de los pilares de la economía local, fuertemente marcada, además, por el avance del turismo rural en la última década. Este hecho ha dado lugar a una expansión constante del sector servicios, tanto en materia de restauración como en la oferta hotelera, habiéndose convertido Almonaster en referente obligado en la Sierra en materia turística. El sector industrial se encuentra representado por pequeñas o medianas empresas, dedicadas, en gran parte, al cerdo ibérico y sus derivados cárnicos. Asimismo, el comercio se desarrolla a través de pequeñas empresas de índole familiar.

Gastronomía

La situación geográfica de Almonaster la Real, el respeto y el mantenimiento de tradiciones culinarias ancestrales y los productos de primera calidad que se utilizan en los fogones, han dado lugar a un extenso abanico de posibilidades gastronómicas para los amantes del buen comer que se acercan por estos lares.
El rey de la mesa, al igual que en todo el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, sigue siendo el cerdo ibérico. El jamón ibérico, la caña de lomo ibérica, así como todo tipo de carnes y sabrosas chacinas caseras , están presentes en las cartas de tapas y comidas de bares y restaurantes.

El guiso de pobre , los adobados , la ensalada de orégano, la ensalada fina de Los Llanos, la sopa de olores, la sopa de Carnaval , … son algunos de los múltiples ejemplos de la aportación que este Municipio hace a la gastronomía serrana. La riqueza micológica de la zona hace que se haya extendido el consumo de setas en revueltos, tortillas o asadas, un manjar al alcance de pocos y del que los vecinos de toda la Sierra disfrutan periódicamente, gracias a la generosa Naturaleza.
En el capítulo de los postres, las populares tortas del cura , los roscos, pestiños, rosas, magdalenas, quesos de cabra, miel, ... son los principales atractivos en la mesa. Por último, añadir la singular contribución de los licores que, históricamente, se han fabricado y consumido en la localidad: el aguardiente , elaborado de forma totalmente artesanal en un alambique del principios del XIX, y los licores de guinda, de bellota, de castaña, etc.

 

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